Praga

En la ciudad de las cien torres los característicos tranvías se insinúan entre las estrechas calles del centro y las fachadas pastel de las casas. Praga es una ciudad mágica y misteriosa que merece ser descubierta y vivida a pleno. Deteneros en un típico local a comer una brocheta de pollo con patatas al cartocho rellenas de nata, o un gulas con knedliky, acompañados con una cerveza Bernard. Visitad el Museo dedicado a Smetana, el Museo de los juguetes antiguos y la Catedral de San Vito; comprad una libreta en el Callejón de oro. Hacia la noche , subid al teleférico y dirigiros hacia los Jardines de Petrìn, la colina más alta de la ciudad: la Ciudad vieja, la Ciudad Nueva, la Ciudad Pequeña, el Castillo, el río Moldava que lo liba, el Puente Carlo que los conecta, con la isla de Kampa, “pequeña Venecia”, en el centro, son un espectáculo que os quedará en el corazón. En fin, emocionaros asistiendo a un concierto en la Iglesia de San. Nicolás o asistiendo al espectáculo de los repiques del Reloj Astronómico, cuando entra en escena la magia.